Pies bonitos y sanos en verano

¿Sabes cómo cuidarlos en verano?

El verano y el calor traen muchos efectos beneficiosos para nuestro organismo, pero también mayores riesgos para nuestra piel y nuestros pies.

El cambio de calzado, las visitas a las playas y piscinas y el exceso de sudoración son algunas de las causas de los problemas que sufren nuestros pies en verano.

¿Sabes que si no los cuidamos adecuadamente durante esta época delicada para ellos, los pies pueden verse afectados? Te contamos algunos de los problemas que pueden surgir:

  • Talones ásperos: andar descalzos, la falta de amortiguación del calzado de verano  y el contacto con el aire pueden provocar que la piel de los pies se reseque, lo que conduce a un endurecimiento en los talones que puede llegar a provocar la aparición de grietas y fisuras

 

  • Sudoración excesiva: no solo produce mal olor e incomodidad, sino que puede llegar a acarrear problemas secundarios al producirse una humedad elevada en los pies.

 

  • ‘Pie de atleta’: las infecciones por hongos y la aparición de verrugas o papilomas son contagiosas y dolorosas. La principal causa es no utilizar el calzado adecuado en lugares públicos con exceso de humedad, como las piscinas y las duchas.

 

  • Rozaduras y ampollas: el calor y el exceso de sudoración, junto con el uso de calzado sin medias o calcetines, provocan en la piel la aparición de estas molestas heridas.

 

  • Durezas y callos: El uso de calzado plano en verano provoca una mayor presión del cuerpo sobre la planta de los pies, lo que favorece la aparición de durezas y callosidades.

 

  • Quemaduras solares: aunque se nos olvide, ¡los pies también se queman! El empeine es la zona más afectada por el sol, mientras que la planta puede sufrir quemaduras por el contacto con la arena expuesta a altas temperaturas.

¿Cómo podemos evitar y solucionar estos problemas?

La mayoría de estos problemas puede evitarse prestando un poco de atención a nuestros pies:

  • Utiliza el calzado adecuado (cómodo, transpirable, con amortiguación y no excesivamente ceñido al pie), lo que evitará la gran mayoría de los problemas, como los talones ásperos, rozaduras y durezas.

 

  • Si ya han aparecido ampollas y rozaduras, lo más adecuado es desinfectar la zona y protegerla con un apósito. Es importante dejar que éstas curen por sí mismas, pero en caso de que resulte demasiado incómodo, podemos pinchar la ampolla con una aguja esterilizada para eliminar el líquido, sin eliminar demasiada piel para que ésta cubra la herida todo lo posible hasta que la epidermis esté totalmente regenerada.

 

  • Para evitar la sudoración excesiva, existen desodorantes y antitranspirantes especializados para esta zona. Utilizar polvos de talco antes de calzarnos y secarnos bien entre los dedos de los pies también ayudará a evitar este problema y los que acarrea.

 

  • Utilizar chanclas o zapatillas de goma en piscinas, playas, duchas, saunas y demás lugares con exceso de humedad es el consejo principal para evitar la aparición de hongos y el ‘pie de atleta’.

 

  • La hidratación de la piel ayudará a mejorar las asperezas del pie y a aliviar rozaduras, quemaduras y demás molestias. Es preferible aplicar las cremas por la noche para evitar la sudoración excesiva. Conviene duplicar la dosis respecto al invierno.

 

  • El uso de lima o piedra pómez, dos veces por semana en las zonas afectadas por durezas y callos, ayudará a aliviar la inflamación del pie y a eliminar células muertas.

Prevenir los problemas más comunes siguiendo estos consejos pueden ahorrarnos un mal rato, además de ayudarnos a lucir unos pies bonitos durante el verano.

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